En la gran mayoría de las religiones, los olores agradables como los perfumes, son aquellos que desempeñan un papel importante en los ritos y liturgias durante las meditaciones, en las plegarias y aquella comunicación con las divinidades.

El cristiano no permanece ajeno a esto. El mismo Jesús desde que nació tuvo contacto con los perfumes más valorados. El incienso y la mirra que le ofrecen los magos venidos de Oriente, el aceite de nardo, y los óleos funerarios con que ungen su cadáver, son sólo el inicio de una relación con los aromas que florecerá en el legado religioso de Jesús durante los siglos de formación y consolidación del cristianismo.

El aceite de Nardo es uno de los más valorados, considerado uno de los perfumes de la vida de Jesús. Se fabrica a partir de los rizomas de la planta homónima, originaria del Himalaya y produce un óleo o aceite intensamente aromático. Es el aceite 100% puro para uso interno o  externo en terapéutica.

Según la usanza judía, Jesús es circuncidado a los ocho días de nacido (Lucas 2:21). El Evangelio árabe de la infancia, de alrededor del siglo VII, completa la historia de este episodio:

Se lo circuncidó en la caverna, y la anciana israelita tomo el trozo de piel (otros dicen que tomó el cordón umbilical), y lo puso en una botella de aceite de nardo viejo. Y tenía un hijo perfumista, a quien se la entregó, diciéndole: Guárdate de vender esta botella de nardo perfumado, aunque te ofrecieran trescientos denarios por ella. Y aquella esencia fue la que María la pecadora compró y con cuyo nardo es con lo que ungió la cabeza de Nuestro Señor Jesucristo y sus pies, que enjugó en seguida con los cabellos de su propia cabeza.

Consiste en una delicada hierba aromática originaria de las regiones montañosas de la India septentrional. Vegeta también en China y Japón. Es un líquido amarillo ámbar con un fuerte olor característico dulce-leñoso, muy cálido, casi “animal”. El Nardo indio se encuentra entre los primeros materiales aromáticos empleados por los antiguos egipcios; citado en la Biblia (Cántico de Salomón), es conocido por ser la planta cuyo aceite utilizó María para ungir a Jesús antes de la última cena.

El aceite de Nardo aún hoy es una de las once hierbas utilizadas para las fumigaciones rituales en el Templo de Jerusalén. Tradicionalmente se reconocen al aceite de Nardo indio natural propiedades antiinflamatorias, tónicas, bactericidas y funguicidas. Es totalmente atóxico e irritante, al ser ese el caso, actualmente no se aplica en cosmética y/o perfumería.