La palabra Tora, “enseñanza o instrucción”, deriva de la raíz hebrea ירה (iara) significa literalmente “disparar (una flecha)” y por lo tanto etimológicamente se refiere a aquello que “da en el blanco”.

La tradición judía utiliza, desde el período final de la Biblia, la palabra “Tora” para referirse a la primera sección de la Biblia (5 libros) llamados El Pentateuco o los Libros de Moisés (Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio).

Ya desde el siglo 1 de la Era Común (después de Jesús), estos cinco libros eran escritos en un solo rollo de papel señalizando que son una unidad. A diferencia de lo que ocurre con otras divisiones canónicas en las cuales hay diferencias e incluso controversias, tanto judíos como cristianos aceptan en forma unánime los libros del Génesis hasta Deuteronomio en este orden y como una unidad. La unanimidad de la tradición y el lugar inicial que ocupan estos cinco libros reflejan su importancia en la vida religiosa. En el judaísmo, la Tora posee el nivel más elevado de santidad, por encima de todos los demás libros.

Si bien Moisés es sin dudas el personaje central de la Tora, el mismo no es introducido hasta el capítulo 2 del Éxodo y está ausente durante todo el primer libro del Génesis. Por este motivo la Tora misma no puede ser definida de acuerdo a un tema particular sino muchos. De hecho, si consideraríamos como factores determinantes que la Tora representa el viaje desde la esclavitud hacia la liberación y la llegada y conquista de la tierra prometida, entonces deberíamos hablar del “Hexateuco” (los seis libros que van del Génesis hasta el libro de Josué) en lugar del “Pentateuco” o la Tora. La Tora termina con la llegada pero no el ingreso y conquista de la tierra prometida.

La ley es el género predominante de la Tora la cual contiene no solo el decálogo (los Diez Mandamientos que en realidad son más de diez), sino una extensa colección de leyes en Éxodo 21-23, Levítico 17-26 y Deuteronomio 12-26. También posee otras leyes distribuidas a lo largo de las diversas narrativas tales como la ley de la circuncisión en la historia de Abraham (Génesis 17) y la ley concerniente a la herencia de tierra por mujeres en Números 36.

Otras partes narrativas contienen también material de significado legalista. Por ejemplo, la primera historia de la creación en Génesis culmina con la “creación” del Shabat (Génesis 2.2-3) aún cuando esto solo sería legalizado como una institución dentro del ritual judío recién en Éxodo 16 y luego formaría parte del decálogo en Éxodo 20.8-11. Del mismo modo, la historia de la construcción del tabernáculo (Éxodo 25-40), un templo temporario para Dios en el desierto, no es solo narrado por sí mismo; funciona como una introducción hacia las distintas tipos de leyes relacionadas con el sacrificio de animales del modo que es descripto luego en el comienzo de Levítico.

Algunas fuentes rabínicas sugieren que el último capítulo de la Tora (Deuteronomio 34) el cual narra la muerte de Moisés, fue dictado por Dios mientras Moisés lloraba. La creencia que la Tora es la palabra de Dios mediada a través de Moisés era la visión estándar hasta el Renacimiento.