El Incienso, con su dulce aroma de perfume y el humo que asciende es típico de las oraciones cristianas. Incensar es el acto de impartir el olor del incienso.

El primer uso registrado del incienso para el culto fue en Egipto alrededor del año 2400 a.C., es decir, 400 años antes de los tiempos de Abraham.  El incienso también se utilizó en la antigua China y desempeña un papel en las ceremonias budistas, sintoístas y taoístas.  Los hindúes también han utilizado el incienso para el culto en la antigüedad. Mientras que para los cristianos católicos es opcional en la mayoría de las misas.  Se utiliza para purificar el ataúd en los funerales y para bendecir estatuas e imágenes.

En el Antiguo Testamento, Dios le indica a Moisés la manera en que se debe construir el tabernáculo -el templo itinerante de Dios.  El libro del Éxodo en la Biblia y Torá describe los pasos que deben seguirse para elaborar el altar de incienso, (Referencia Éxodo 30, 1-10).  Cuando el sacerdote entraba al tabernáculo por la mañana y por la tarde para ocuparse de las lámparas permanentemente encendidas también tenía el deber de ofrecer incienso.

Incluso Dios le dio una receta a Moisés para preparar el incienso:

“Consigue las siguientes sustancias aromáticas en cantidades iguales: resina, ámbar, gálbano perfumado e incienso puro, y mezcla todo eso,  como lo hace un fabricante de perfumes, para hacer un perfume salado, puro y santo.  Reduce a polvo una parte de él y colócala delante del Arca del Testimonio, en la Carpa del Encuentro, o sea, en el lugar donde yo me encontraré contigo.  Esto será para ustedes una cosa santísima” (Éxodo 30, 34-36).

Esta ofrenda judía de incienso continuó a lo largo de todo el período del Antiguo Testamento -primero en el tabernáculo y luego en el templo de Jerusalén.  El incienso también se ofrecía durante las ceremonias religiosas en las religiones paganas que los rodeaban.  De hecho, la mayoría de las referencias en la Biblia al incienso se dan cuando los profetas del Antiguo Testamento se lamentan de que el pueblo judío había abandonado muchas veces al Señor y había optado por hacer sacrificios a dioses falsos, incluso ofreciéndoles incienso.

Los sacerdotes de las religiones paganas creían que el incienso era una “ofrenda espiritual”.  El humo era una sustancia intermedia entre tierra y aire.  Los demonios estaban marcados por un hedor de azufre y el fuerte aroma del incienso los apartaba; mientras tanto, los dioses buenos quedarían apaciguados y darían protección y prosperidad a quienes les rendían culto.

El uso de sahumerios en las prácticas de la Nueva Era conecta a las personas a una tradición que supuestamente viene de los indígenas americanos de usar humo aromático para purificar la atmósfera de un área –alejando negatividades y creando un ambiente positivo.

Los paganos ofrecían sacrificios para obtener beneficios de los dioses.  Dios prohibió la ofrenda de incienso en el Antiguo Testamento, no sólo porque era una forma de rendirles culto a los dioses paganos, sino que además era una manera de invitarlos a sus vidas.

El padre de Juan el Bautista, Zacarías, era sacerdote de la religión judía.  Estaba por cumplir su turno en el templo cuando se le apareció el ángel Gabriel y le informó sobre el embarazo de su esposa, Isabel.  En ese momento se estaba ocupando de la ofrenda de incienso de la tarde.  A medida que lo hacía, sus acciones evocaban al Salmo 141: 2.

La ofrenda de incienso tal como se la veía en los primeros siglos de escritos de la Iglesia suele ser negativa.  Una de las formas más comunes de pedir a los cristianos que comprometieran su fe era forzarlos a ofrecer incienso a los dioses paganos.  Es probable, entonces, que la práctica de utilizar incienso en el culto cristiano se haya abandonado para evitar confusiones entre los fieles y para dar un testimonio claro: las ofrendas de incienso estaban asociadas con el paganismo y entonces fueron abandonadas por los cristianos.